Ando por la calle. Llego a mi casa. La garganta noto con un sabor a todo. Un sabor a nada. El trayecto hasta mi humilde hogar se me ha hecho duro. Si hay hombres que contienen un alma sin fronteras. por la calle. Pensando. En ti. Y en todo. En todo, y en ti.
Un sonido extraño. Un sonido cotidiano. Un sonido de tarde de abril. Que el maquillaje no apague no tu risa. Algo extraño sujeta mis manos a la hora de meter la mano en el bolsillo. Que el fin del mundo te pille bailando. Algo introduce mi mano en el bolsillo. Bolsillo ajado por el paso del tiempo. Ajado por ti. Ajado por la ilusión. Que las verdades no tengan complejos. Que las mentiras parezcan mentiras.
Las llaves se engarzan con mis dedos. Mis dedos se engarzan con mi cerebro. Mi cerebro, mi cerebro. Mi cerebro se engarza con mis dedos, y mis dedos actúan como autómatas introduciendo la llave en la cerradura. Cerradura. La vida es una cerradura.
Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde, no valga la pena. Mentira. Mentira. Que no te vendan, que no me vendan, amor sin espinas. Las espinas, pequeñas, predecibles pero inevitables, no se cuelen en mi piel. Se cuelan. Mis dedos, mi piel, mis mentiras, mis verdades, se cuelan en mi ser a la par que la llave en la comisura de la puerta. Cerradura. Creo que así se llama.
Los ojos me pesan. Creo que lloro. Son mis lágrimas lo que me quedan. Y hoy me he dado cuenta. No hay un sauce en la calle mayor para mí. Ni falta que hace. No tengo tabaco. Liado. De industria. A eso me refiero. Paro para liar. Para liar el tabaco, ese que día tras día, reblandece las durezas que mis lágrimas crean en el surco de mis ojos. Esos ojos que son tuyos. No. Ahora no. Lo fueron. Ahora son de las lágrimas. Ahora paro. Voy a liar. Voy a llamar a la nicotina que aplaca mi ansiedad. Nicotina que llena mi sangre. Sangre que está llena de ti sin tin. Paro. No sigo. Lío.
Es caprichoso el azar. No te busqué. Ni me viniste a buscar. Otra mentira. Otra de tantas. Otra. He terminado. Mis dedos ya buscaron eso llamado cerradura. La encontraron. Buscaron eso llamado nicotina. Cigarro. Si. Cigarro. Lo encontraron.
Con pesar miro al cielo. Un cielo imaginario. Puesto que entre cuatro paredes ¿de hormigón? pocas estrellas pueden verse. Con la resaca a cuestas. Como pesa. Pero no la tengo. Eso no me pesa. ¿Ha llegado el final? Creo que esta noche me he olvidado que cada uno es cada cual. Por eso me acuerdo de ti. Por eso tus ojos se clavan en mi corazón.
La fe que perdí, hoy ha vuelto. Maldita seas. Maldita. Maldita. Te odio. Maldita la fe. No tú. Tú nunca podrás ser odiada por mis músculos. Esas misteriosas cavidades musculares que la ciencia llama corazón.
Ceno. Es tarde pero me echo algo al estómago. Puta. Los ojos siguen jodidos. ¡Por qué! Gritan. Otra vez llegas como algo que recurrente se ceba con mis sesos. Sesos corruptos. Corruptos. ¿De tí? No. Aves de paso. Por desgracia no.
Llegando a mi casa, veo el pasado. Veo mis cosas. Y lloro. Lloro. Joder. Lloro. ¿Qué es el pasado? ¿Tú? Pues no. Ese puede ser el problema. Pero no eres tú, ese es el puto problema.
Con cariño y nostalgia recuerdo tu sonrisa. Maravillosa. Maravillosa y cruel. ¿Porqué? No es mía. Esa es la putada. Es tuya. Bendito regalo que haces a la humanidad. El día que alguien la rompa me encontrará. Esa es mi batalla. Tu sonrisa. Que no la pierdas. Que sigas con ella, que ella siga contigo.
Han vertido en tí cien pueblos. Mis ojos son tuyos. No he podido evitarlo. Lo he intentado. Pero soy tuyo. Tuyo. Tuyo. Y te acercas y te vas, besando mi aldea. No. Lo sé. Ya me gustaría a mí.
Si alguna vez fui lo que creo ser, es gracias a tí. A tus ojos. Tus ojos. Puff. Tus ojos. ¡Que barbaridad! Tus recuerdos son cada día más dulces. El olvido sólo se llevo la mitad. La otra mitad me putea cada vez que estás conmigo, cada vez que estoy sin tí.
Subo las escaleras buscando mi cama. Buscando olvidarte. Olvido. Cosa maravillosa. De esas que son como un billete de quinientos. Existen sí. Pero ¿alguien las ha visto? No. Y yo no concibo el olvido. De hecho creo que pase lo que pase -reitero- pase lo que pase, moriré el día que te olvide. Lo eres todo.
Mi respiración se entrecorta. Con algo de mono, cojo mi cigarro. No debo hacer esto, pero lo estoy haciendo. Tu sonrisa se clavó hace años en mi cuerpo. Como quieres que me desazga de tí, si tú eres mi disfraz.
Me estoy pasando. Es un deseo que todo reviente. Un cerrar los ojos. El recuerdo de unas caricias metido en la cabeza. Dejarse flotar. He tocado fondo. En mis botas leeras. Tu nombre. En mis botas leeras, tu nombre.
¿La tormenta acaba de empezar?
Aquí os dejon esta maravillosa canción. Espero que enseñe a alguien lo que a mí no me llega a enseñar. Puta.
Un sonido extraño. Un sonido cotidiano. Un sonido de tarde de abril. Que el maquillaje no apague no tu risa. Algo extraño sujeta mis manos a la hora de meter la mano en el bolsillo. Que el fin del mundo te pille bailando. Algo introduce mi mano en el bolsillo. Bolsillo ajado por el paso del tiempo. Ajado por ti. Ajado por la ilusión. Que las verdades no tengan complejos. Que las mentiras parezcan mentiras.
Las llaves se engarzan con mis dedos. Mis dedos se engarzan con mi cerebro. Mi cerebro, mi cerebro. Mi cerebro se engarza con mis dedos, y mis dedos actúan como autómatas introduciendo la llave en la cerradura. Cerradura. La vida es una cerradura.
Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde, no valga la pena. Mentira. Mentira. Que no te vendan, que no me vendan, amor sin espinas. Las espinas, pequeñas, predecibles pero inevitables, no se cuelen en mi piel. Se cuelan. Mis dedos, mi piel, mis mentiras, mis verdades, se cuelan en mi ser a la par que la llave en la comisura de la puerta. Cerradura. Creo que así se llama.
Los ojos me pesan. Creo que lloro. Son mis lágrimas lo que me quedan. Y hoy me he dado cuenta. No hay un sauce en la calle mayor para mí. Ni falta que hace. No tengo tabaco. Liado. De industria. A eso me refiero. Paro para liar. Para liar el tabaco, ese que día tras día, reblandece las durezas que mis lágrimas crean en el surco de mis ojos. Esos ojos que son tuyos. No. Ahora no. Lo fueron. Ahora son de las lágrimas. Ahora paro. Voy a liar. Voy a llamar a la nicotina que aplaca mi ansiedad. Nicotina que llena mi sangre. Sangre que está llena de ti sin tin. Paro. No sigo. Lío.
Es caprichoso el azar. No te busqué. Ni me viniste a buscar. Otra mentira. Otra de tantas. Otra. He terminado. Mis dedos ya buscaron eso llamado cerradura. La encontraron. Buscaron eso llamado nicotina. Cigarro. Si. Cigarro. Lo encontraron.
Con pesar miro al cielo. Un cielo imaginario. Puesto que entre cuatro paredes ¿de hormigón? pocas estrellas pueden verse. Con la resaca a cuestas. Como pesa. Pero no la tengo. Eso no me pesa. ¿Ha llegado el final? Creo que esta noche me he olvidado que cada uno es cada cual. Por eso me acuerdo de ti. Por eso tus ojos se clavan en mi corazón.
La fe que perdí, hoy ha vuelto. Maldita seas. Maldita. Maldita. Te odio. Maldita la fe. No tú. Tú nunca podrás ser odiada por mis músculos. Esas misteriosas cavidades musculares que la ciencia llama corazón.
Ceno. Es tarde pero me echo algo al estómago. Puta. Los ojos siguen jodidos. ¡Por qué! Gritan. Otra vez llegas como algo que recurrente se ceba con mis sesos. Sesos corruptos. Corruptos. ¿De tí? No. Aves de paso. Por desgracia no.
Llegando a mi casa, veo el pasado. Veo mis cosas. Y lloro. Lloro. Joder. Lloro. ¿Qué es el pasado? ¿Tú? Pues no. Ese puede ser el problema. Pero no eres tú, ese es el puto problema.
Con cariño y nostalgia recuerdo tu sonrisa. Maravillosa. Maravillosa y cruel. ¿Porqué? No es mía. Esa es la putada. Es tuya. Bendito regalo que haces a la humanidad. El día que alguien la rompa me encontrará. Esa es mi batalla. Tu sonrisa. Que no la pierdas. Que sigas con ella, que ella siga contigo.
Han vertido en tí cien pueblos. Mis ojos son tuyos. No he podido evitarlo. Lo he intentado. Pero soy tuyo. Tuyo. Tuyo. Y te acercas y te vas, besando mi aldea. No. Lo sé. Ya me gustaría a mí.
Si alguna vez fui lo que creo ser, es gracias a tí. A tus ojos. Tus ojos. Puff. Tus ojos. ¡Que barbaridad! Tus recuerdos son cada día más dulces. El olvido sólo se llevo la mitad. La otra mitad me putea cada vez que estás conmigo, cada vez que estoy sin tí.
Subo las escaleras buscando mi cama. Buscando olvidarte. Olvido. Cosa maravillosa. De esas que son como un billete de quinientos. Existen sí. Pero ¿alguien las ha visto? No. Y yo no concibo el olvido. De hecho creo que pase lo que pase -reitero- pase lo que pase, moriré el día que te olvide. Lo eres todo.
Mi respiración se entrecorta. Con algo de mono, cojo mi cigarro. No debo hacer esto, pero lo estoy haciendo. Tu sonrisa se clavó hace años en mi cuerpo. Como quieres que me desazga de tí, si tú eres mi disfraz.
Me estoy pasando. Es un deseo que todo reviente. Un cerrar los ojos. El recuerdo de unas caricias metido en la cabeza. Dejarse flotar. He tocado fondo. En mis botas leeras. Tu nombre. En mis botas leeras, tu nombre.
¿La tormenta acaba de empezar?
Aquí os dejon esta maravillosa canción. Espero que enseñe a alguien lo que a mí no me llega a enseñar. Puta.

